lunes, 5 de mayo de 2008

Hatsepsut.

No sé cuanto tiempo llevo en este encierro al que he sido condenada, sola, sin apenas compañía y sintiéndome cada día más debilitada físicamente. Poco me debe ya quedar para caminar en este mundo de los vivos, y antes de emprender mi viaje al mundo de ultratumba y pasar mis pruebas en la sala de la verdad ante el tribunal divino formado por Osiris, Anubis y Tot, quisiera contar mi historia.
La historia de una mujer que llegó a ser una gran soberana y que fue destronada por causa del odio y hasta de la que se borró todo recuerdo y huella de su paso por las tierras del Nilo.

Nunca hubiera llegado a ser señora del Alto y Bajo Egipto si mi esposo Tutmosis II, que subió al trono gracias a su matrimonio conmigo, no hubiera fallecido tras un breve reinado. Yo, como descendiente único y legítimo de mi padre Tutmosis I, conseguí imponerme, después de varias lucha sucesorias, gracias al apoyo del potente partido de la corte. Yo sola empuñé las riendas del gobierno y me hice cargo de la tutela del hijo nacido de mi padre y de una concubina, Tutmosis III, con quien contraje matrimonio y pronto se rebeló para hacer valer sus derechos al trono, pero yo me impuse como la legítima heredera.

Fui la primera mujer que llegó a reinar en la tierra de los faraones. En las solemnidades escondía mi feminidad y, para hacer realzar mi condición de faraona, me presentaba con el tocado, el mandil y la barba postiza que constituían los atributos reales de los monarcas varones. No obstante, a pesar de aparecer como un rey, nunca pude evitar que se hablara de mi belleza, esbelta figura y de mi fuerte personalidad.


Siempre intenté mantener la paz con los otros pueblos y procuré pensar en los destinos de mi pueblo por encima de todo. Envié varias flotas a costas extranjeras para establecer relaciones comerciales. Quise convertir el gris del desierto de arena en un magnífico jardín jamás visto hasta entonces en Tebas con plantas exóticas traídas de distintos puntos del Mar Rojo.

Mas, mi marido, después de un período de tiempo que estuvo en un segundo plano, convirtió mi vida en un infierno. De temperamento belicoso, prosaico y condenado a la pasividad fue acumulando odio y rencor en su alma por mi política no expansionista en el imperio que mi padre me había dejado. Como una fiera salió de la sombra y se lanzó contra Semmut, mi arquitecto, mi consejero y mi gran amor. Semmut con todos sus criados y hasta todos sus animales domésticos hallaron la muerte. Luego, dirigió toda su ira contra mí, primero me destronó y me envió al destierro, posteriormente, mandó destruir todo lo que me recordase:relieves, sellos, esculturas, embargado por tal odio no sólo quiso acabar conmigo en esta vida, también en el mundo de los muertos.

No sé si de mí quedará algún recuerdo; si podré vivir en el otro mundo después de la destrucción de todo lo que me representaba; si alguien preparará mi sepelio para gozar de la bienaventuranza del "Ocaso"; y si conseguiré pasar el severo interrogatorio al que me someterán los 42 demonios ante el juez Osiris y de qué lado se inclinará la balanza del dios de cabeza de perro.


¡Aquí estoy.
¡Oh, corazón mío,
no actúes de testigo contra mí,
no hables contra mí a los jueces!

2 comentarios:

Davinia dijo...

Mujer valerosa, que tuvo que luchar en su momento contra el gran poder del hombre y, salió vencedora porque a pesar de todos los esfuerzos de su marido por borrar su existencia de ambos mundos, no consiguió su propósito...

Junto con Nefertiti y Cleopatra fueron el gran trío de soberanas del antiguo Egipto.

Besos y abrazos para todos los lados.

RAYITO DE TERNURA dijo...

LA MUERTE NO ME DA MIEDO ME DAMIEDO LA VIDA

UN BESO EROTICO Y UN ABRAZO CALENTITO

YERMAN

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